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Recuerdo cuando hace años, (era yo demasiado joven para ver según que cosas), asistí a un momento televisivo que se plasmó en mi memoria cual tinta indeleble. Un programa de televisión sobre temas sexuales, la hace tiempo escondida de los medios Elena Ochoa y el testimonio terrible de una mujer que a contraluz, escondiendo su rostro, afirmaba con voz dramática y a punto del llanto: “Yo nunca he tenido un orgasmo“.
Claro que en ese momento, comenzando la pubertad, (antes no estábamos tan espabilados como lo están ahora los pre-adolescentes), no me podía imaginar yo lo que era un orgasmo, pero sí pensé que algún día yo sí lo tendría, que no quería yo verme como aquella desdichada mujer.
Con el tiempo he descubierto porque muchas mujeres llegan a tardar tanto en sentir un orgasmo, y porque algunas no lo experimentan jamás: la falta de información, de conocimiento del aparato sexual femenino sigue limitando o evitando el placer de la mujer, no ocurriendo lo mismo en el caso del hombre. Y es que él suele gozar del orgasmo simplemente con llegar a la eyaculación, pero ella requiere de roces intensos, de estimulación generalmente rítmica y prolongada, del clítoris, que es, junto con el famoso y discutido punto G, punto clave para la consecución de la explosión de gozo que supone el orgasmo.
Por eso hemos de reivindicar la existencia del clítoris y su uso sin pudores ni tabúes. Recuerdo ahora mismo con horror que aún existen lugares en África u Oriente Medio donde se lleva a cabo la ablación, espantosa técnica de extirpación de los órganos femeninos que tiene cómo único objetivo impedir que sientan, que disfruten con el sexo, y lleguen así vírgenes al matrimonio. Muchas mueren desangradas o víctimas de infecciones incontroladas, victimas de tradiciones sin sentido ni humanidad.
El cuerpo de la mujer, así como el del hombre, cuenta con zonas erógenas que responden ante los estímulos del otro y elevan la libido excitándolo hasta llevarlo al orgasmo. Las mujeres necesitamos más tiempo, eso si, pero también entregamos mucho durante el acto sexual. Aprendamos nosotras a conocernos, incluso tocándonos cuando estamos a solas, (la masturbación es un ejercicio altamente recomendable), y luego enseñemos a nuestras parejas qué nos gusta y dónde y cómo nos excita. Por favor, dejemos ya de creer que todo acaba en cuanto la eyaculación hace acto de presencia.
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[...] por ambas partes. Tampoco que con dicha masturbación tanto hombre como mujer no puedan llegar al orgasmo y, en el caso de ellos, a la eyaculación o expulsión del [...]
Pingback por Petting, el arte de sexo sin penetración06-05-2008 @ 2:39 pm
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Pingback por Cunnilingus, estimulación oral11-05-2008 @ 5:35 pm
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Pingback por Dias de Sexo | El Punto G femenino24-06-2008 @ 5:01 pm