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Se habla de ambigüedad genital cuando se nace con unos órganos sexuales que, en apariencia, poco tienen que ver con lo que debería ser. Por ejemplo, un caso claro es el de una niña que nace con un clítoris de gran tamaño por que lo que puede llegar a pensarse que es un pene atrofiado, o también el de un niño cuyo miembro sea tan pequeño que no se sepa, a simple vista, si es en realidad un pene o un clítoris demasiado grande.
Así pues se trata de un defecto físico que se detecta al nacer y que requiere habitualmente de exámenes internos para conocer el sexo real del bebé.
Si vas a ser hombre o mujer es algo que decide la genética en el momento en que eres concebido. El óvulo lleva un cromosoma X y el espermatozoide puede llevar o uno X o uno Y. Dependiendo del cromosoma que tenga consigo el espermatozoide que resulte vencedor en la carrera hacia el milagro de una vida nueva, el futuro bebé vendrá o bien con una pareja de X, o bien con un XY. Por cierto, y para aclarar un poco ésto, XX da lugar a una hembra y XY a un varón.
Ahora bien, si posteriormente, durante el proceso de desarrollo fetal, existe alguna anomalía que impida su evolución normal, lo más probable es que los órganos sexuales del futuro bebé no se formen correctamente. Y si no se forman correctamente no se podrá saber, nada más nacer, a qué sexo pertenece el recién nacido, excepto que la atrofia sea leve, en cuyo caso se podrá hacer una primera valoración que, probablemente, resultará certera.
¿Qué tipo de casos pueden encontrarse?
En el caso de las hembras puede ser que…
En el caso de los hombres puede ocurrir que…
Dentro de la ambigüedad sexual podemos encontrar, por supuesto, grados. En los más graves puede ocurrir que un bebé parezca pertenecer a un sexo determinado por fuera, pero que por dentro posea los órganos del contrario. En estos casos hay que estudiar el caso con profundidad para decidir si educarlo como niño o como niña.
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