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Afortunadamente somos capaces de poner en práctica la libre elección sobre la propia fecundidad decidiendo cuándo no procrear gracias a los diferentes métodos anticonceptivos. En un artículo anterior sobre los anticonceptivos les hemos comentado de forma general los diferentes procedimientos que existen para impedir la fecundación, y hoy, y en sucesivos artículos, iremos más allá, analizando uno a uno estos modos de planificación familiar y regulación de trastornos ginecológicos.
Comencemos con el Anillo mensual
Es un método anticonceptivo hormonal que se aplica una vez cada mes y va liberando de forma progresiva bajas y constantes cantidades de hormonas que impiden que se produzca la fecundación.
Su aplicación es muy sencilla, simplemente basta con presionarlo entre los dedos para luego introducirlo de forma lenta dentro de la cavidad vaginal. Al igual que el tampón, te darás cuenta de que está bien colocado cuando no sientas su presencia en tu interior.
Una vez ubicado hay que dejarlo dentro del cuerpo durante tres semanas, para luego retirarlo y descansar 7 días, período en el que se produce la regla. En general la menstruación aparece durante las primeras 48 horas tras comenzado el descanso.
Durante la semana sin el anillo no hace falta usar otro anticonceptivo, siempre y cuando se lo haya utilizado correctamente el resto del mes. Pasado este lapso simplemente hay que colocar uno nuevo.
Las ventajas que ofrece son:
Eso si, hay que tener en cuenta que las mujeres con problemas cardíacos, mala circulación o problemas de coagulación, presión arterial alta, problemas hepáticos, diabetes, obesas, con altos niveles de colesterol o que fumen de forma excesiva no son candidatas para este método anticonceptivo.
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